Prefacio
Querido
Tío:
Me dijiste
que el cielo era mucho mejor que el infierno. Que el amor lo podía superar
todo. Que la guerra era sólo un pacto entre el hombre y la venganza. Me has
enseñado varias cosas en el transcurso de mi vida.
Todavía
recuerdo cuando me tenías en tus brazos y me contabas historias sobre hombres
con valentía y valor y me decías que algún día yo sería como ellos, como si
fuera posible. Tú mismo me dijiste una vez que culpa mía nuestro apellido
estaba ensuciado, que ya nada sería como antes, que te avergonzabas de tener a
alguien como yo en tu familia, hasta me amenazaste con mandarme a un internado.
Tengo que admitirlo nunca te tuve tanto miedo como esa vez, tus ojos marrones
mirándome desafiantes y peligrosos al mismo tiempo, tus manos apretando
fuertemente sobre mi muñeca y escupiendo mi nombre una y otra vez con total
repugnancia. Imposible olvidarlo. Me llamaste de muchas formas y me hablaste de
muchas maneras, que se consideran agresivas. Pero lo que tú no sabias era que
algún día tomaría venganza hacia ti y tu estúpida familia, y pensar que lo hice
de una forma bastante dulce y delicada, ¿lo recuerdas Tío?, todo parecía una
película de terror, en la que todos los protagonistas terminan sufriendo
muertes totalmente diferentes pero igualmente repugnantes. Lo mejor de todo
esto es que no me arrepiento de haberte asesinado, no, todo lo contrario me
enorgullezco. Ahora te veo a ti enterrado bajo tierra, con tu piel pudriéndose
y llena de gusanos, mientras que yo me encuentro pisoteando tu tumba y
sonriendo ante tal venganza.
En fin,
vine para dejarte en claro una cosa que es la más importante de todas, antes de
matarte no te di la oportunidad de saber en que me había convertido, en que ser
tan poderoso y eterno soy… Bueno pues como dije anteriormente tú ya estas
muerto y yo, luego de 147 años sigo vivo y lo seguiré estando porque soy un
vampiro.
Atte. Tu
sobrino Steve Lauper
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