Mis historias

lunes, 12 de noviembre de 2012

Mi ángel... El vampiro-Capítulo 1


Había estado lista para esto desde que tenía doce años, va en realidad habíamos estado listas. Juana estaba hablando por teléfono con su nuevo novio mientras que yo estaba mirando por la ventana la cuadra en la que había crecido, sabía perfectamente que lo extrañaría todo.
Mi madre me había hablado de la posibilidad de estudiar en algún lugar más cerca, pero yo sabía lo que quería y quería conocer ese pueblo, y formar mi vida.
-          ¡Odette llamando a tierra!- El grito de Juana me sacó de mi mente y me encontré con ella parada, ya había dejado el teléfono y ahora me miraba con esos ojos marrón chocolate.- Nose si lo sabias pero Robert dijo que bajáramos de inmediato y que agarres lo que falta subir al auto.- A continuación ella agarró su bolso rosa chicle y salió por la puerta cantando alguna canción que yo no logré distinguir.
Agarré mi mochila que se encontraba arriba de la cama y me la puse en el hombro, ya había empezado a dirigirme a la puerta cuando al lado mío siento mi propio reflejo, me di la vuelta para contemplarme, llevaba echa una cola de caballo y mis ojos estaban como siempre, la única diferencia era que tenía ojeras, últimamente no había podido dormir mucho a causa de unas raras pesadillas que no abandonaban mi mente.
Me di la vuelta nuevamente, mi habitación que alguna vez había sido de color blanco, ahora era de un color parecido al beige por la falta de cuidado se puede decir; las fotos, libros y revistas habían desaparecido igual que los muebles, lo único que había quedado era ese espejo, un objeto que me había visto crecer todos estos años y que había sido testigo de muchos momentos inolvidables de mi vida. Le dediqué una sonrisa a mi habitación y a continuación de eso salí por la puerta, rumbo hacia mi nueva vida.
Cada parte de la casa que veía era un lugar especial para mí, sentía que la misma casa no quería que me fuera, y lo entendía, esa casa había sido parte de mi vida, y hasta sentía que era una persona completamente viva. Pero no podía detenerme ahora y echar todo a la borda.
Bajé las escaleras y me dirigí a la calle en donde se encontraban mi mamá, mi padrastro y mi hermano Luca. Este último me miró como si fuera una rata sucia, cosa que no comprendí. Últimamente Luca no me había dirigido ni una sola palabra, no sabía que le pasaba, cuando intentaba hablar con él se encerraba en su cuarto o me ignoraba por completo.
-          Odette, hija mía- Dijo mi madre. La miré y le dedique una sonrisa y fui a sus brazos corriendo como si fuera una niña pequeña. Nos estuvimos abrazando un buen rato hasta que Juana hablo.
-          Señora Di Marte, ya se que quiere demasiado a su hija, pero se nos hace tarde.
Mi madre me soltó y se limpió las lagrimas que caían de sus mejillas y las mías también. Acunó mi rostro en sus manos y me dijo:
-          Odette Lizaik, creo que sabes lo difícil que es esto para mí, ya que tú fuiste mi primer bebé, quiero que me hagas un favor, cuídate a ti misma y valórate por lo que eres. Tu eres muy importante para mí, amor. Sabes que siempre fui muy sobre protectora contigo y con tu hermano, y quiero que sepas que fue porque los amo demasiado, si a ustedes les pasará algo… yo… yo…- Lágrimas empezaron a deslizarse  por su rostro, y yo muy cuidadosamente le di un beso en la mejilla.
-         Mamá te prometo que me cuidare y me valoraré, pero no tienes porque llorar sólo estamos a unas cinco horas, puedes visitarme cuando tú quieras y puedes quedarte el tiempo que quieras.- Le dije con dulzura. Robert se acercó a mi madre y la abrazó con dulzura y amor.
-         Odette te vamos a extrañar mucho, y voy a extrañar mucho tus ronquidos.- Me reí y luego nos abrazamos.
Genial el último que faltaba era mi hermano, esto iba a ser difícil. Me acerqué a él y alcé la mirada para poder ver su rostro. Él me estaba evitando por completo, y me dolía saberlo, iba a mudarme ¿y ni siquiera me podía despedir de mi hermano?
-          Luca por favor, mírame- Le supliqué. Pero el seguía evitándome, y eso me partió el corazón. Siempre nuestra relación había sido como la de cualquiera, en ocasiones éramos amigos y en otras enemigos, en otras nos peleábamos y en otras nos reíamos. Pero nunca pensé que me ignoraría como sino le importara.
-          Luca hijo, despídete de tu hermana- Dijo mi madre. Pero él seguía sin mirarme, comencé a sentir las lágrimas cayendo por mi rostro, pero las ignoré por completo, no dejaba de mirarlo a él. De la nada, él se fue corriendo abruptamente y desapareció cuando doblo en una esquina.
-          ¿Odette, estas bien?- Me preguntó Juana.
-          Sí, será mejor que nos vallamos ahora, no quiero llegar tarde.


Mensaje enviado figuraba en la pantalla de mi celular, a continuación de eso lo apagué. Quería despejar mi mente por completo, una buena idea para mí fue comer de más, pero luego me arrepentí ya que el dolor de panza que tuve fue terrible. Juana me dio una pastilla para calmar el dolor y me alivió un poco.
Me sentía feliz y preocupada por empezar a vivir sola, bueno en realidad Juana viviría conmigo, pero ella no era una persona muy amante de estar en casa como yo.
-          Lo bueno de vivir solas es que vamos a conocer chicos.- Dijo Juana mientras buscaba una estación de radio.
Mi idea exactamente no era conocer chicos, sino ser independiente y viajar por el mundo, así podría tener recuerdos de todos lados en los que estuviese.
-          Aja- Le respondí. La verdad es que no estaba muy prendida a la conversación, estaba leyendo un libro que ya había leído como cien mil veces pero que me enamoraba con cada palabra que había en él. 
-          Aja, oye estaría bueno que usarás otras palabras para disimular que me escuchas, nose por ejemplo: que bueno, eso es fantástico, las mulas también son bonitas.
-          ¿Las mulas también son bonitas?- Pregunté.
-          Bueno sí, era para bajarte del cielo, así me escuchabas.- Me dijo sonriéndome.
-          Ah, bueno yo prefiero los caballos antes que las mulas.
-          Bueno yo las mulas, me encantan los ruiditos que hacen y sus orejitas peludas.- Ok esta conversación no tenía sentido.
-          ¿Y cómo va todo con Tomás?- Tomás era un chico que había conocido Juana en una discoteca, y con el cual dos minutos después de conocerlo se había enrollado con él.
-          Ah bien, creo. No sé el esta ocupado supuestamente como para llamarme, dijo que nos visitaría esta semana. Aunque dudo que lo haga.
Tenía que admitirlo Juana no era precisamente fea, era muy bonita, siempre los chicos la miraban a ella e ignoraban mi presencia, algo a lo que me acostumbre. Yo era todo lo contrario a ella, mientras que ella era alta, yo era enana; ella tenía el pelo rubio, yo lo tenía castaño oscuro; su piel era extremadamente pálida, y la mía tenía pecas. Lo único de lo que me salvaba eran mis ojos, los tenía de un color verde claro, eso fue siempre lo que me gustó de mi. Me sentía orgullosa de haber heredado el color de los ojos de mamá.
-          ¿Y a ti que te pasó con Bruno?- Me preguntó.
-          ¿Qué Bruno?- Me dirigió una mirada que significaba no te hagas la tonta.
-          No sé, la última vez que lo ví fue hace un año y medio, parecía estar ocupado estudiando en la universidad.- Él había sido un chico muy tierno y compasivo conmigo, la pasamos bien como amigos. Pero la última vez que lo ví había sido bastante bruto, todo lo que había sido antes parecía que había desaparecido. – Oye ¿tienes idea de cuánto falta para llegar?
-          Una hora y llegamos a nuestro destino amiga.
-          Al fin.- Respondí como cantando el Aleluya.  A continuación de eso nos reímos las dos.
Me di la vuelta para ver lo que se veía por la ventana, a lo lejos se veían cierras que por encima estaban cubiertas de nubes esponjadas blancas, el pasto era verde aunque en algunos lugares había detalles de amarillo, repentinamente me dieron ganas de pintar ese paisaje tan delicado y hermoso.  Me lo quedé mirando por un tiempo hasta que me quedé dormida.
Abrí mis ojos muy lentamente por temor a lo que pudiera ver a través de ellos. Pero no tenía a que temer, estaba en un hermoso prado lleno de margaritas; alrededor de él había muchos pinos. Era un sueño y todo era perfecto. Yo estaba recostada en el medio del prado oliendo las hermosas margaritas que me rodeaban. 
-          ¿Qué haces aquí?- Me preguntó una voz masculina. Me di la vuelta para contemplar al hombre que me estaba interrogando, y me sentí repentinamente débil por tanta belleza, parecía un ángel de los que se narraban en los libros, un ángel poderoso, valiente y sexy.- ¿Vas a responderme o qué?
-          Looo sienntoo- Estaba tartamudeando algo que se me hacía un poco extraño de mí.
-          Te hice una pregunta, ¿qué haces aquí?- Pronunció cada palabra de la pregunta lentamente.
-          No loo see- Respondí.
-          ¿No lo sabes?- Dijo mientras se acercaba lentamente a mí, lo suficiente como para poder tocarnos. Él fue acercando sus labios a los míos…
-          ¡¡ODETTE DESPIERTA!!- El grito de Juana me sacó de mi hermoso sueño, algo que me hizo enojar bastante.
-          ¿QUE DEMONIOS TE  PASA?-Le grité echa una furia.
-          Nada, es sólo que mientras tu estabas babeando el asiento yo estaba intentando llamarte para decirte que ya llegamos- Dijo.
-          Yo no veo nada.
-          Es porque ahora vamos a merendar, nos faltan cinco kilómetros, casi nada.
Nos bajamos del auto y sacamos el bolso en donde estaba la comida, nos sentamos en un tronco que había al lado de la ruta y empezamos a comer.
-          ¿Tenías un lindo sueño amiga?- Me preguntó Juana.
-          Se puede decir que sí.- Le contesté intentando acordarme del muchacho de mi sueño.
-          ¿De qué trataba?
-          Ya sabes, de nada interesante.- Le dije mientras me paraba y empezaba a guardar lo que sobraba de la comida.
-          Oye tu mamá dijo que nos había conseguido empleo ¿te acuerdas en dónde era?- Me preguntó.
-          Era un restaurante, se llamaba Edgar el lugar.- Le respondí.
-          Odio los lugares a los que les ponen nombres de personas.
-          Yo también.-Aunque realmente no los odiaba, simplemente le contesté eso porque mi mente estaba en otro mundo, con ese chico que ahora no podía recordar como era. Nos subimos al auto y Juana empezó a conducir.
A los costados de la ruta habían inmensos pinos uno al lado del otro, entre ellos hacían una oscuridad interminable que asustaba.
De repente Juana toca la bocina del auto y grita una palabrota por el vidrio. Adelante nuestro había un auto importado y muy lujoso que conducía seguramente a 180 kilómetros
-          Wow debe estar apurado.- Le dije. Pero Juana no me respondió, estaba bastante seria.
Al lado de la ruta se veía un cartel hecho de madera con el nombre del pueblo: Michael Sthepen Rawser; el nombre era de un probable fundador suponía yo.
Empezamos a entrar al pueblo y admiré cada cosa que había. En la entrada estaba una estación vieja de ferrocarriles que todavía se seguía usando; más adelante había pequeñas casas y departamentos que decoraban las veredas; luego vimos la plaza, llena de árboles y con algunos niños jugando.
-          Avísame si ves el nombre de la calle Brown a la altura…
-          150 ya sé.- Miré atentamente los números que estaban en las puertas de las casas hasta que lo encontré.- Ahí- Le indique señalando con mi índice de la mano izquierda.
Detuvimos el auto y miramos la pequeña casa o más bien departamento que había en la vereda. Abajo había una puerta de madera con el número 150 tallado, y arriba había dos ventanas con el marco de madera también. La casa estaba pintada de blanco y en la vereda había un árbol de ciruelas que le daba a la casa un aspecto muy bonito. Juana y yo nos miramos y en un segundo ya estábamos abriendo la puerta de la casa de la emoción que teníamos.
Giramos la llave lentamente y entramos a nuestra casa. A la nueva casa que seguramente nos iba a acompañar un buen tiempo en nuestras vidas.



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