Mis historias

lunes, 12 de noviembre de 2012

Mi ángel... El vampiro-Capítulo 2


Entramos en una habitación que seguramente era la sala de descanso, esta estaba pintada de un color crema, que le daba un aspecto tranquilo a la habitación, cosa que me gustaba. El piso era de madera y sobre ellos, habían muebles que Juana y yo habíamos comprado anteriormente, en ellos se destacaba un sillón antiguo del color de las paredes.
-          ¿No es el sillón de tu abuela?-Le pregunté.
-          Sí, me lo obsequió, me había olvidado de decírtelo.- Me sonrió amigablemente.
Bajamos todas las cosas del auto y luego ordenamos un poco las cosas que había dentro de las cajas.
-          Oye, tuvimos un día largo hoy, ¿qué tal si descansamos?- Me dijo Juana.
-          Emm, claro, ve a dormirte.- Le respondí.
-          ¿No tienes sueño?- Me dijo ya subiendo la escalera para irse a su cuarto.
-          No, tengo algunas cosas que hacer.- Ella asintió y desapareció aunque sus pasos se siguieron escuchando mientras subía los escalones.
En realidad tenía que reflexionar sobre todo lo que me había pasado en el día y una buena forma de hacerlo era dando a dar una vuelta. Miré el reloj, una de la madrugada. Era un poco tarde para salir, más en un lugar que no conocías del todo.
Me puse la capucha de la campera sobre la cabeza y salí.
Era una noche fría, ya se empezaba a sentir el frío del invierno cerca, y para lo que llevaba puesto ya había empezado a temblar.
Todas las casas de alrededor eran chiquitas muy parecidas a la mía, y todo estaba oscuro y negro, no se podía escuchar absolutamente nada, todo era silencio y tranquilidad, cosa que me gustó del pueblo.
Me quedé pensando en por qué había reaccionado de ese modo mi hermano, mientras viajábamos le había intentado enviar mensajes y lo estuve llamando, pero como me lo espere el no contestaba.
De repente siento la sensación de que alguien estaba caminando atrás mío. Me giro por cura curiosidad pero no había nadie. Empecé a asustarme y a caminar más rápido, ya sé que sólo pudo haber sido producto de mi mente, pero seguía sintiendo la sensación, y mi cuerpo mismo lo sentía también.
Empecé a correr lo más rápido que pude para alejarme de esa cosa horrible que me provocaba esa inseguridad tremenda. Finalmente cuando paré de correr miré a mí alrededor y enfrente de mí se abría paso un bosque. En un momento de puro pánico entre ahí sin saber que lo es que me podría llegar a pasar. No me sentía segura, pero no podía correr por el cansancio que tenía. Si lo hacía era muy probable que me cayera y muriera. No sabía que lugar podría ser seguro para refugiarse de esa cosa. Pero igualmente ya sabía que era tarde, él estaba atrás mío. Sentí que era un hombre al mirar por el rabillo del ojo, sólo podía ver su sombra y la forma silenciosa y elegante en la que se movía hacia mí. Tenía que escapar, y justamente cuando estaba por empezar a correr, el hombre me agarró de la cintura, besó mi cuello delicadamente y a continuación sentí un pinchazo.


Abrí mis ojos muy lentamente y observé a mí alrededor en donde estaba con demasiada sorpresa. –Estoy en un Hospital- Me dije a mí misma.
Al lado de la cama en la que me encontraba había una silla, la muchacha que estaba en ella tenía aspecto cansado, se lo podía ver gracias a la forma en la que esta agarraba su cabeza con las manos, esto hacía que su larga cabellera rubia impidiera ver su rostro.
-          ¿Qué hago aquí?- Le pregunté a Juana. Esta se enderezó sorprendida.
-          La pregunta es ¿qué diablos hacías en el bosque sola?- Me dijo con cara de enojada.
-          Salí a caminar- Contesté tímidamente mientras bajaba la mirada.
-          ¿Saliste a caminar a la una de la madrugada en un pueblo que ni siquiera conoces?- Asentí a modo de respuesta.-Bien, escucha luego quiero que sigamos hablando de esto, yo tengo que ir al comedor para comer algo, en cualquier momento viene la enfermera para ponerte una inyección.
-          No quiero una inyección- Dije como si fuera una pequeña niñita a punto de llorar.
-          Tú te lo buscaste.- A continuación de eso salió por la puerta dejándome por completo sola.
Afuera de la ventana se podía ver que era un día hermoso, y yo encerrada aquí en una habitación de un hospital.
Lentamente me fui incorporando y me dirigí al baño para contemplarme. En la cara tenía varios arañazos de ramas de árboles y algunos moretones en los hombros y piernas de cuando me choqué con algún árbol, repentinamente me vino a la mente el recuerdo de la mordida, o eso pensé que era, porque cuando ví mi cuello no había ninguna marca, absolutamente nada. Me pareció que era imposible yo lo había sentido, y había sentido como perdía sangre mientras él la tomaba. No podía tener alucinaciones, yo pensé que… él me había… mordido. No, definitivamente fue verdad. No puedo decírselo a nadie hasta tener pruebas, de lo contrario me creerán una loca.
De repente siento la presencia de alguien-una enfermera, genial- me dije a mí misma. No sabía porque pero siempre las odie. Era raro.
-          ¿Señorita se encuentra bien?- Me preguntó amablemente mientras me agarraba del brazo para que me sentara en la cama.  
-          Sí perfectamente, me encuentro tan bien, me puedo mover y todo así que…
-          Lo siento pero todavía no puede irse.- Me dijo mientras agarraba mi brazo con una mano y con la otra agarraba de su delantal una…
-          ¡NO, NO! LE REPITO QUE NO. NI SE LE OCURRA.-Le grité mientras me apartaba de ella. La cara de la mujer pasó de estar asustada a estar divertida.
-          Escuche no le va a doler para nada, no va a sentir nada.
-          No le creo.- Le dije con tono de amenaza mientras me agarraba los hombros.
Luego de un minuto viene Juana en compañía de un enfermero del tamaño de un gorila. Fue cómico verlos entrar a los dos, en un momento me habría reído pero este no era el momento indicado. Juana vino al lado mío y me agarró del hombro.
-          No te va a pasar nada, sólo piensa en lindas cosas.-Me negué mientras seguía mirando con cara amenazadora a la enfermera.
-          Eso no funcionaría Juana.
-          Entonces será por las malas.
-          Oh, oh.-Dije mientras el gorila y la enfermera se acercaban hacia mí. El enfermero me agarró del otro hombro mientras que Juana me agarraba el que quedaba. Y a continuación cerré los ojos muy fuertemente mientras sentía la aguja hundiéndose en mi carne.


-          Tengo que admitirlo te comportas como una niña pequeña, amiga.-Me decía Charlotte mientras llegábamos a nuestra casa.
Anteriormente la casa había sido de mi bisabuela, y no se había usado desde que falleció. La casa desde entonces había estado abandonada hasta que mi madre decidió remodelarla para mí.
-          Aja.- Fue lo único con lo que le respondí en todo el trayecto hacia casa.
No tenía ganas de pelearme con Juana, no tenía ganas de comer, no tenía ganas de mirar una película, no tenía ganas de absolutamente nada. No sabía que me pasaba, era como que mi cuerpo se sintiera sin energía, como que cada paso que daba era una descarga para mí.
Apenas llegué me dirigí a mi cuarto y me fui a acostar.
Mientras esperaba a que el sueño me arrastrara, me puse a reflexionar.
No entendía eso de que me habían mordido, esas cosas no sucedían en la vida real… ¿o sí?
¿O acaso el mundo real que creía conocer no existía?, ¿o a caso estas cosas se producían en el pueblo?, ¿o acaso me estaba volviendo loca?
Lo de volverse loca era lo más probable, aunque esa noche yo no había bebido, pero sí estaba cansada, y cuando alguien esta cansado se puede imaginar cualquier cosa.
Luego de hacerme esas preguntas una y otra vez finalmente me quedé dormida.


Mi ángel... El vampiro-Capítulo 1


Había estado lista para esto desde que tenía doce años, va en realidad habíamos estado listas. Juana estaba hablando por teléfono con su nuevo novio mientras que yo estaba mirando por la ventana la cuadra en la que había crecido, sabía perfectamente que lo extrañaría todo.
Mi madre me había hablado de la posibilidad de estudiar en algún lugar más cerca, pero yo sabía lo que quería y quería conocer ese pueblo, y formar mi vida.
-          ¡Odette llamando a tierra!- El grito de Juana me sacó de mi mente y me encontré con ella parada, ya había dejado el teléfono y ahora me miraba con esos ojos marrón chocolate.- Nose si lo sabias pero Robert dijo que bajáramos de inmediato y que agarres lo que falta subir al auto.- A continuación ella agarró su bolso rosa chicle y salió por la puerta cantando alguna canción que yo no logré distinguir.
Agarré mi mochila que se encontraba arriba de la cama y me la puse en el hombro, ya había empezado a dirigirme a la puerta cuando al lado mío siento mi propio reflejo, me di la vuelta para contemplarme, llevaba echa una cola de caballo y mis ojos estaban como siempre, la única diferencia era que tenía ojeras, últimamente no había podido dormir mucho a causa de unas raras pesadillas que no abandonaban mi mente.
Me di la vuelta nuevamente, mi habitación que alguna vez había sido de color blanco, ahora era de un color parecido al beige por la falta de cuidado se puede decir; las fotos, libros y revistas habían desaparecido igual que los muebles, lo único que había quedado era ese espejo, un objeto que me había visto crecer todos estos años y que había sido testigo de muchos momentos inolvidables de mi vida. Le dediqué una sonrisa a mi habitación y a continuación de eso salí por la puerta, rumbo hacia mi nueva vida.
Cada parte de la casa que veía era un lugar especial para mí, sentía que la misma casa no quería que me fuera, y lo entendía, esa casa había sido parte de mi vida, y hasta sentía que era una persona completamente viva. Pero no podía detenerme ahora y echar todo a la borda.
Bajé las escaleras y me dirigí a la calle en donde se encontraban mi mamá, mi padrastro y mi hermano Luca. Este último me miró como si fuera una rata sucia, cosa que no comprendí. Últimamente Luca no me había dirigido ni una sola palabra, no sabía que le pasaba, cuando intentaba hablar con él se encerraba en su cuarto o me ignoraba por completo.
-          Odette, hija mía- Dijo mi madre. La miré y le dedique una sonrisa y fui a sus brazos corriendo como si fuera una niña pequeña. Nos estuvimos abrazando un buen rato hasta que Juana hablo.
-          Señora Di Marte, ya se que quiere demasiado a su hija, pero se nos hace tarde.
Mi madre me soltó y se limpió las lagrimas que caían de sus mejillas y las mías también. Acunó mi rostro en sus manos y me dijo:
-          Odette Lizaik, creo que sabes lo difícil que es esto para mí, ya que tú fuiste mi primer bebé, quiero que me hagas un favor, cuídate a ti misma y valórate por lo que eres. Tu eres muy importante para mí, amor. Sabes que siempre fui muy sobre protectora contigo y con tu hermano, y quiero que sepas que fue porque los amo demasiado, si a ustedes les pasará algo… yo… yo…- Lágrimas empezaron a deslizarse  por su rostro, y yo muy cuidadosamente le di un beso en la mejilla.
-         Mamá te prometo que me cuidare y me valoraré, pero no tienes porque llorar sólo estamos a unas cinco horas, puedes visitarme cuando tú quieras y puedes quedarte el tiempo que quieras.- Le dije con dulzura. Robert se acercó a mi madre y la abrazó con dulzura y amor.
-         Odette te vamos a extrañar mucho, y voy a extrañar mucho tus ronquidos.- Me reí y luego nos abrazamos.
Genial el último que faltaba era mi hermano, esto iba a ser difícil. Me acerqué a él y alcé la mirada para poder ver su rostro. Él me estaba evitando por completo, y me dolía saberlo, iba a mudarme ¿y ni siquiera me podía despedir de mi hermano?
-          Luca por favor, mírame- Le supliqué. Pero el seguía evitándome, y eso me partió el corazón. Siempre nuestra relación había sido como la de cualquiera, en ocasiones éramos amigos y en otras enemigos, en otras nos peleábamos y en otras nos reíamos. Pero nunca pensé que me ignoraría como sino le importara.
-          Luca hijo, despídete de tu hermana- Dijo mi madre. Pero él seguía sin mirarme, comencé a sentir las lágrimas cayendo por mi rostro, pero las ignoré por completo, no dejaba de mirarlo a él. De la nada, él se fue corriendo abruptamente y desapareció cuando doblo en una esquina.
-          ¿Odette, estas bien?- Me preguntó Juana.
-          Sí, será mejor que nos vallamos ahora, no quiero llegar tarde.


Mensaje enviado figuraba en la pantalla de mi celular, a continuación de eso lo apagué. Quería despejar mi mente por completo, una buena idea para mí fue comer de más, pero luego me arrepentí ya que el dolor de panza que tuve fue terrible. Juana me dio una pastilla para calmar el dolor y me alivió un poco.
Me sentía feliz y preocupada por empezar a vivir sola, bueno en realidad Juana viviría conmigo, pero ella no era una persona muy amante de estar en casa como yo.
-          Lo bueno de vivir solas es que vamos a conocer chicos.- Dijo Juana mientras buscaba una estación de radio.
Mi idea exactamente no era conocer chicos, sino ser independiente y viajar por el mundo, así podría tener recuerdos de todos lados en los que estuviese.
-          Aja- Le respondí. La verdad es que no estaba muy prendida a la conversación, estaba leyendo un libro que ya había leído como cien mil veces pero que me enamoraba con cada palabra que había en él. 
-          Aja, oye estaría bueno que usarás otras palabras para disimular que me escuchas, nose por ejemplo: que bueno, eso es fantástico, las mulas también son bonitas.
-          ¿Las mulas también son bonitas?- Pregunté.
-          Bueno sí, era para bajarte del cielo, así me escuchabas.- Me dijo sonriéndome.
-          Ah, bueno yo prefiero los caballos antes que las mulas.
-          Bueno yo las mulas, me encantan los ruiditos que hacen y sus orejitas peludas.- Ok esta conversación no tenía sentido.
-          ¿Y cómo va todo con Tomás?- Tomás era un chico que había conocido Juana en una discoteca, y con el cual dos minutos después de conocerlo se había enrollado con él.
-          Ah bien, creo. No sé el esta ocupado supuestamente como para llamarme, dijo que nos visitaría esta semana. Aunque dudo que lo haga.
Tenía que admitirlo Juana no era precisamente fea, era muy bonita, siempre los chicos la miraban a ella e ignoraban mi presencia, algo a lo que me acostumbre. Yo era todo lo contrario a ella, mientras que ella era alta, yo era enana; ella tenía el pelo rubio, yo lo tenía castaño oscuro; su piel era extremadamente pálida, y la mía tenía pecas. Lo único de lo que me salvaba eran mis ojos, los tenía de un color verde claro, eso fue siempre lo que me gustó de mi. Me sentía orgullosa de haber heredado el color de los ojos de mamá.
-          ¿Y a ti que te pasó con Bruno?- Me preguntó.
-          ¿Qué Bruno?- Me dirigió una mirada que significaba no te hagas la tonta.
-          No sé, la última vez que lo ví fue hace un año y medio, parecía estar ocupado estudiando en la universidad.- Él había sido un chico muy tierno y compasivo conmigo, la pasamos bien como amigos. Pero la última vez que lo ví había sido bastante bruto, todo lo que había sido antes parecía que había desaparecido. – Oye ¿tienes idea de cuánto falta para llegar?
-          Una hora y llegamos a nuestro destino amiga.
-          Al fin.- Respondí como cantando el Aleluya.  A continuación de eso nos reímos las dos.
Me di la vuelta para ver lo que se veía por la ventana, a lo lejos se veían cierras que por encima estaban cubiertas de nubes esponjadas blancas, el pasto era verde aunque en algunos lugares había detalles de amarillo, repentinamente me dieron ganas de pintar ese paisaje tan delicado y hermoso.  Me lo quedé mirando por un tiempo hasta que me quedé dormida.
Abrí mis ojos muy lentamente por temor a lo que pudiera ver a través de ellos. Pero no tenía a que temer, estaba en un hermoso prado lleno de margaritas; alrededor de él había muchos pinos. Era un sueño y todo era perfecto. Yo estaba recostada en el medio del prado oliendo las hermosas margaritas que me rodeaban. 
-          ¿Qué haces aquí?- Me preguntó una voz masculina. Me di la vuelta para contemplar al hombre que me estaba interrogando, y me sentí repentinamente débil por tanta belleza, parecía un ángel de los que se narraban en los libros, un ángel poderoso, valiente y sexy.- ¿Vas a responderme o qué?
-          Looo sienntoo- Estaba tartamudeando algo que se me hacía un poco extraño de mí.
-          Te hice una pregunta, ¿qué haces aquí?- Pronunció cada palabra de la pregunta lentamente.
-          No loo see- Respondí.
-          ¿No lo sabes?- Dijo mientras se acercaba lentamente a mí, lo suficiente como para poder tocarnos. Él fue acercando sus labios a los míos…
-          ¡¡ODETTE DESPIERTA!!- El grito de Juana me sacó de mi hermoso sueño, algo que me hizo enojar bastante.
-          ¿QUE DEMONIOS TE  PASA?-Le grité echa una furia.
-          Nada, es sólo que mientras tu estabas babeando el asiento yo estaba intentando llamarte para decirte que ya llegamos- Dijo.
-          Yo no veo nada.
-          Es porque ahora vamos a merendar, nos faltan cinco kilómetros, casi nada.
Nos bajamos del auto y sacamos el bolso en donde estaba la comida, nos sentamos en un tronco que había al lado de la ruta y empezamos a comer.
-          ¿Tenías un lindo sueño amiga?- Me preguntó Juana.
-          Se puede decir que sí.- Le contesté intentando acordarme del muchacho de mi sueño.
-          ¿De qué trataba?
-          Ya sabes, de nada interesante.- Le dije mientras me paraba y empezaba a guardar lo que sobraba de la comida.
-          Oye tu mamá dijo que nos había conseguido empleo ¿te acuerdas en dónde era?- Me preguntó.
-          Era un restaurante, se llamaba Edgar el lugar.- Le respondí.
-          Odio los lugares a los que les ponen nombres de personas.
-          Yo también.-Aunque realmente no los odiaba, simplemente le contesté eso porque mi mente estaba en otro mundo, con ese chico que ahora no podía recordar como era. Nos subimos al auto y Juana empezó a conducir.
A los costados de la ruta habían inmensos pinos uno al lado del otro, entre ellos hacían una oscuridad interminable que asustaba.
De repente Juana toca la bocina del auto y grita una palabrota por el vidrio. Adelante nuestro había un auto importado y muy lujoso que conducía seguramente a 180 kilómetros
-          Wow debe estar apurado.- Le dije. Pero Juana no me respondió, estaba bastante seria.
Al lado de la ruta se veía un cartel hecho de madera con el nombre del pueblo: Michael Sthepen Rawser; el nombre era de un probable fundador suponía yo.
Empezamos a entrar al pueblo y admiré cada cosa que había. En la entrada estaba una estación vieja de ferrocarriles que todavía se seguía usando; más adelante había pequeñas casas y departamentos que decoraban las veredas; luego vimos la plaza, llena de árboles y con algunos niños jugando.
-          Avísame si ves el nombre de la calle Brown a la altura…
-          150 ya sé.- Miré atentamente los números que estaban en las puertas de las casas hasta que lo encontré.- Ahí- Le indique señalando con mi índice de la mano izquierda.
Detuvimos el auto y miramos la pequeña casa o más bien departamento que había en la vereda. Abajo había una puerta de madera con el número 150 tallado, y arriba había dos ventanas con el marco de madera también. La casa estaba pintada de blanco y en la vereda había un árbol de ciruelas que le daba a la casa un aspecto muy bonito. Juana y yo nos miramos y en un segundo ya estábamos abriendo la puerta de la casa de la emoción que teníamos.
Giramos la llave lentamente y entramos a nuestra casa. A la nueva casa que seguramente nos iba a acompañar un buen tiempo en nuestras vidas.



Mi ángel... El vampiro-Prefacio


Prefacio

Querido Tío:
Me dijiste que el cielo era mucho mejor que el infierno. Que el amor lo podía superar todo. Que la guerra era sólo un pacto entre el hombre y la venganza. Me has enseñado varias cosas en el transcurso de mi vida.
Todavía recuerdo cuando me tenías en tus brazos y me contabas historias sobre hombres con valentía y valor y me decías que algún día yo sería como ellos, como si fuera posible. Tú mismo me dijiste una vez que culpa mía nuestro apellido estaba ensuciado, que ya nada sería como antes, que te avergonzabas de tener a alguien como yo en tu familia, hasta me amenazaste con mandarme a un internado. Tengo que admitirlo nunca te tuve tanto miedo como esa vez, tus ojos marrones mirándome desafiantes y peligrosos al mismo tiempo, tus manos apretando fuertemente sobre mi muñeca y escupiendo mi nombre una y otra vez con total repugnancia. Imposible olvidarlo. Me llamaste de muchas formas y me hablaste de muchas maneras, que se consideran agresivas. Pero lo que tú no sabias era que algún día tomaría venganza hacia ti y tu estúpida familia, y pensar que lo hice de una forma bastante dulce y delicada, ¿lo recuerdas Tío?, todo parecía una película de terror, en la que todos los protagonistas terminan sufriendo muertes totalmente diferentes pero igualmente repugnantes. Lo mejor de todo esto es que no me arrepiento de haberte asesinado, no, todo lo contrario me enorgullezco. Ahora te veo a ti enterrado bajo tierra, con tu piel pudriéndose y llena de gusanos, mientras que yo me encuentro pisoteando tu tumba y sonriendo ante tal venganza.
En fin, vine para dejarte en claro una cosa que es la más importante de todas, antes de matarte no te di la oportunidad de saber en que me había convertido, en que ser tan poderoso y eterno soy… Bueno pues como dije anteriormente tú ya estas muerto y yo, luego de 147 años sigo vivo y lo seguiré estando porque soy un vampiro.

Atte. Tu sobrino Steve Lauper