Entramos en una habitación que seguramente era la sala de
descanso, esta estaba pintada de un color crema, que le daba un aspecto
tranquilo a la habitación, cosa que me gustaba. El piso era de madera y sobre
ellos, habían muebles que Juana y yo habíamos comprado anteriormente, en ellos
se destacaba un sillón antiguo del color de las paredes.
-
¿No
es el sillón de tu abuela?-Le pregunté.
-
Sí,
me lo obsequió, me había olvidado de decírtelo.- Me sonrió amigablemente.
Bajamos todas las cosas del auto y luego ordenamos un poco
las cosas que había dentro de las cajas.
-
Oye,
tuvimos un día largo hoy, ¿qué tal si descansamos?- Me dijo Juana.
-
Emm,
claro, ve a dormirte.- Le respondí.
-
¿No
tienes sueño?- Me dijo ya subiendo la escalera para irse a su cuarto.
-
No,
tengo algunas cosas que hacer.- Ella asintió y desapareció aunque sus pasos se siguieron
escuchando mientras subía los escalones.
En realidad tenía que reflexionar sobre todo lo que me había
pasado en el día y una buena forma de hacerlo era dando a dar una vuelta. Miré
el reloj, una de la madrugada. Era un
poco tarde para salir, más en un lugar que no conocías del todo.
Me puse la capucha de la campera sobre la cabeza y salí.
Era una noche fría, ya se empezaba a sentir el frío del invierno
cerca, y para lo que llevaba puesto ya había empezado a temblar.
Todas las casas de alrededor eran chiquitas muy parecidas a
la mía, y todo estaba oscuro y negro, no se podía escuchar absolutamente nada,
todo era silencio y tranquilidad, cosa que me gustó del pueblo.
Me quedé pensando en por qué había reaccionado de ese modo
mi hermano, mientras viajábamos le había intentado enviar mensajes y lo estuve
llamando, pero como me lo espere el no contestaba.
De repente siento la sensación de que alguien estaba caminando
atrás mío. Me giro por cura curiosidad pero no había nadie. Empecé a asustarme
y a caminar más rápido, ya sé que sólo pudo haber sido producto de mi mente,
pero seguía sintiendo la sensación, y mi cuerpo mismo lo sentía también.
Empecé a correr lo más rápido que pude para alejarme de esa
cosa horrible que me provocaba esa inseguridad tremenda. Finalmente cuando paré
de correr miré a mí alrededor y enfrente de mí se abría paso un bosque. En un
momento de puro pánico entre ahí sin saber que lo es que me podría llegar a
pasar. No me sentía segura, pero no podía correr por el cansancio que tenía. Si
lo hacía era muy probable que me cayera y muriera. No sabía que lugar podría
ser seguro para refugiarse de esa cosa. Pero igualmente ya sabía que era tarde,
él estaba atrás mío. Sentí que era un hombre al mirar por el rabillo del ojo,
sólo podía ver su sombra y la forma silenciosa y elegante en la que se movía
hacia mí. Tenía que escapar, y justamente cuando estaba por empezar a correr,
el hombre me agarró de la cintura, besó mi cuello delicadamente y a
continuación sentí un pinchazo.
Abrí mis ojos muy lentamente y observé a mí alrededor en
donde estaba con demasiada sorpresa. –Estoy
en un Hospital- Me dije a mí misma.
Al lado de la cama en la que me encontraba había una silla,
la muchacha que estaba en ella tenía aspecto cansado, se lo podía ver gracias a
la forma en la que esta agarraba su cabeza con las manos, esto hacía que su
larga cabellera rubia impidiera ver su rostro.
-
¿Qué
hago aquí?- Le pregunté a Juana. Esta se enderezó sorprendida.
-
La
pregunta es ¿qué diablos hacías en el bosque sola?- Me dijo con cara de
enojada.
-
Salí
a caminar- Contesté tímidamente mientras bajaba la mirada.
-
¿Saliste
a caminar a la una de la madrugada en un pueblo que ni siquiera conoces?-
Asentí a modo de respuesta.-Bien, escucha luego quiero que sigamos hablando de
esto, yo tengo que ir al comedor para comer algo, en cualquier momento viene la
enfermera para ponerte una inyección.
-
No
quiero una inyección- Dije como si fuera una pequeña niñita a punto de llorar.
-
Tú
te lo buscaste.- A continuación de eso salió por la puerta dejándome por
completo sola.
Afuera de la ventana se podía ver que era un día hermoso, y
yo encerrada aquí en una habitación de un hospital.
Lentamente me fui incorporando y me dirigí al baño para
contemplarme. En la cara tenía varios arañazos de ramas de árboles y algunos
moretones en los hombros y piernas de cuando me choqué con algún árbol,
repentinamente me vino a la mente el recuerdo de la mordida, o eso pensé que
era, porque cuando ví mi cuello no había ninguna marca, absolutamente nada. Me
pareció que era imposible yo lo había sentido, y había sentido como perdía
sangre mientras él la tomaba. No podía tener alucinaciones, yo pensé que… él me
había… mordido. No, definitivamente fue verdad. No puedo decírselo a nadie
hasta tener pruebas, de lo contrario me creerán una loca.
De repente siento la presencia de alguien-una enfermera, genial- me dije a mí
misma. No sabía porque pero siempre las odie. Era raro.
-
¿Señorita
se encuentra bien?- Me preguntó amablemente mientras me agarraba del brazo para
que me sentara en la cama.
-
Sí
perfectamente, me encuentro tan bien, me puedo mover y todo así que…
-
Lo
siento pero todavía no puede irse.- Me dijo mientras agarraba mi brazo con una
mano y con la otra agarraba de su delantal una…
-
¡NO,
NO! LE REPITO QUE NO. NI SE LE OCURRA.-Le grité mientras me apartaba de ella.
La cara de la mujer pasó de estar asustada a estar divertida.
-
Escuche
no le va a doler para nada, no va a sentir nada.
-
No
le creo.- Le dije con tono de amenaza mientras me agarraba los hombros.
Luego de un minuto viene Juana en compañía de un enfermero
del tamaño de un gorila. Fue cómico verlos entrar a los dos, en un momento me
habría reído pero este no era el momento indicado. Juana vino al lado mío y me
agarró del hombro.
-
No
te va a pasar nada, sólo piensa en lindas cosas.-Me negué mientras seguía
mirando con cara amenazadora a la enfermera.
-
Eso
no funcionaría Juana.
-
Entonces
será por las malas.
-
Oh,
oh.-Dije mientras el gorila y la enfermera se acercaban hacia mí. El enfermero
me agarró del otro hombro mientras que Juana me agarraba el que quedaba. Y a
continuación cerré los ojos muy fuertemente mientras sentía la aguja
hundiéndose en mi carne.
-
Tengo
que admitirlo te comportas como una niña pequeña, amiga.-Me decía Charlotte
mientras llegábamos a nuestra casa.
Anteriormente la casa había sido de mi bisabuela, y no se
había usado desde que falleció. La casa desde entonces había estado abandonada
hasta que mi madre decidió remodelarla para mí.
-
Aja.-
Fue lo único con lo que le respondí en todo el trayecto hacia casa.
No tenía ganas de pelearme con Juana, no tenía ganas de
comer, no tenía ganas de mirar una película, no tenía ganas de absolutamente
nada. No sabía que me pasaba, era como que mi cuerpo se sintiera sin energía,
como que cada paso que daba era una descarga para mí.
Apenas llegué me dirigí a mi cuarto y me fui a acostar.
Mientras esperaba a que el sueño me arrastrara, me puse a reflexionar.
No entendía eso de que me habían mordido, esas cosas no
sucedían en la vida real… ¿o sí?
¿O acaso el
mundo real que creía conocer no existía?, ¿o a caso estas cosas se producían en
el pueblo?, ¿o acaso me estaba volviendo loca?
Lo de
volverse loca era lo más probable, aunque esa noche yo no había bebido, pero sí
estaba cansada, y cuando alguien esta cansado se puede imaginar cualquier cosa.
Luego de hacerme esas preguntas una y otra vez finalmente me quedé dormida.
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